“Hotel Capricornio” cierra momentáneamente sus puertas. La obra de Leonel Giacometto dará sus últimas dos funciones hoy y mañana a las 21 en la sala Orestes Caviglia (San Martín 251, con entrada libre y gratuita), para luego tomar una pausa.

César Romero encaró la dirección del elenco del Teatro Estable en esta puesta a partir de cuatro premisas, según precisó a LA GACETA: “no esquivar el ‘bulto’ a escenas emotivas; no avergonzarse de las escenas de amor; crear un escenario lleno de vida; y que haya abundancia de buenas interpretaciones”.

“Busqué experimentar la alegría de crear junto con todo el colectivo escénico y con gran propósito de disponer todo o casi todo para que ese escenario se llene de repente o estuviera vacío. Organicé una partitura en subgrupos con entradas y salidas de manera extraordinarias, dentro de un proceso que me dio una notable libertad para elegir la obra como para así también contar con quienes les interesaría el proyecto y su consiguiente montaje”, agrega el director.

El resultado es un despliegue coral, con 17 actores y actrices en escena: Jessica Carrizo, Daniela Villalba, Emilia Guerra, Noé Andrade, Eloísa Martínez Romero, Ignacio Hael, Facundo Vega Ancheta, Marcos Zerda, Francisca Kika Valero, Eloísa Martínez Romero, Daniela Canseco, Joel Alonso Quírico, Mariano Juri, Sergio Aguilar, Nelson Alfonso, Lili Sánchez y Sergio Domínguez.

Ellos despliegan los personajes dentro de un territorio “donde todo puede suceder”, como se anticipa. Es que sus habitaciones son “un lugar de paso para lo que no tiene lugar; encuentros furtivos, desencuentros, piel y mucha agitación, con diferentes historias que se cruzan y navegan entre la sensualidad y los sentimientos y se hilvanan en una sola, conectadas entre sí por la lógica, la coincidencia, el absurdo, el erotismo o el azar”.⠀

“Como tendencia, le di el foco y el centro a cada actor y actriz, y que sus frases o palabras les sirviesen para interpretar maravillosamente. Entonces descubres de repente que pueden cobrar vida de manera sorprendente y efectiva, porque es un placer trabajar con todos ellos. El interés está en ‘todos’; no solo aquellos que llevan adelante ‘la escena’ sino que el conjunto está ocupado en la obra; si no, no funcionaria y en eso incluyo al personal que presta servicio, iluminadores, técnicos, asistentes, maquinistas, vestuaristas, maquillaje y peinado. Es muy importante destacar el área técnica”, remarcó Romero.

El montaje fue un desafío especial, ya que la sala se comparte con otras actividades culturales. “Con el equipo pensamos en poner todo de modo practicable. Fuimos construyendo ese soporte y que no tuviéramos que montar una complicada escenografía, todo se simplifico para sentir la obra. La calidad actoral es la base, lo más importante, lo que constituye esa búsqueda, las vivencias personales con su profesión, su pasado, su profunda verdad y honda sencillez elevada de realismo artístico por momentos”, subrayó.

Para conseguir ese objetivo, “hubo que construir o intentar crear una buena atmósfera en los ensayos; vengo de dinámicas del teatro independiente y esta experiencia era nueva y descabellada para mí y para el elenco, aunque con algunos ya había trabajado antes”. “Muchas veces me sentí precipitado o variable o me contradecía por responsabilizarme ante una nueva experiencia. Pero me produce gran satisfacción trabajar rodeado de un equipo y un director artístico del Estable como Andrés D’Andrea en este proyecto, con la premisa de no repetir cosas que ya se hicieron antes”, agregó.

El resultado transcurre “entre paredes pintadas, algunas plataformas y canciones, los muebles esenciales, un montaje inhóspito... Lo importante es cómo contar la obra y que cada escena sea un paso en el proceso, que van entretejiendo las diferentes hebras de la historia con una actitud singular y original, vivirla cada noche como si fuese la última vez e intentar experimentar este proceso, que no es nada fácil”. “Y el final es una obra de teatro auténtica, singular y diversa en su riqueza teatral”, concluyó.